
Apenas son las 10 de la mañana y ya el calor se hace sentir, acabo de completar los escalones del barrio de Las Peñas, nada menos que 446 escalones que llevan hasta la cumbre del cerro Santa Ana que cobija el barrio de Las Peñas en Guayaquil, me falta ascender un poco más hasta llegar arriba del faro que promete una vista privilegiada de la ciudad que se desbordó desde este lugar entre fundaciones, incendios, ataques de piratas, epidemias de viruela y refundaciones. He subido grandes montañas en mi amada Cordillera de Los Andes y la satisfacción de ascender a esta colina de menos de 86 metros sobre el nivel del mar no es menor.

Las Peñas es el barrio más antiguo de Guayaquil que todavía se mantiene en pie. Sus casas de 100 años o más parecen haber brotado entre el cerro en forma caprichosa, desordenada, creativa, aprovechando cuidadosamente cada metro de terreno, este no es el barrio original, pero si es el más antiguo que queda en pié, las antiguas edificaciones se perdieron durante el gran incendio de 1896. Me dirijo hacia la Taberna, el bar y hogar de Manuel, necesito refrescarme y escuchar sus anécdotas, volver a oír historias mil veces contadas casi como una letanía a sus visitantes.
En Las Peñas vivió el “Che” Guevara y también Ernest Hemingway. Al principio en este barrio vivía la aristocracia guayaquileña (nada menos que cinco presidentes y el autor del himno nacional de Ecuador) junto a artesanos y pescadores dando un verdadero ejemplo de convivencia y respeto por la diversidad, luego comenzaron a llegar artistas y se transformó en un polo de desarrollo cultural alternativo con toda la bohemia asociada, ajeno a todo proyecto de renovación urbana, ganando su merecido valor patrimonial arquitectónico.
La Taberna, el bar de Manuel es un lugar ecléctico, donde conviven fotos con dedicatoria, junto a una compilación de camisetas del Barcelona, su equipo de fútbol, y una muralla repleta de viejas cajetillas de cigarrillos y artefactos que serían la delicia de todo coleccionista. La construcción es de adobe y al mediodía se agradece su frescura natural, es casi como estar en el living de tu casa, el lugar ideal para dormitar una siesta en el calor tropical.

“Hoy día juega Chile con Perú, pana” me dice Manuel y vuelvo a la realidad, el fútbol no es mi pasión, pero si la de el. Afuera de su casa-living-bar la ciudad continúa con su ritmo habitual y yo siento que aquí es donde se puede comenzar de verdad a conocer Guayaquil.

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